¡No Quiero A Este Hijo!


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¡No Quiero A Este Hijo!

De más está decir que el ideal sería que todos los niños lleguen al mundo en un momento en que son deseados por sus padres y que además traigan el sexo que sus padres desean, pero esto no siempre es así.

Una buena parte de los niños que llegan a este mundo simplemente llegan como un producto de la naturaleza, como una consecuencia natural de que los padres han tenido relaciones sexuales.

Cuando los padres planean conscientemente tener un hijo, esos planes comienzan por darle un sentido a la existencia del hijo que está por venir, si es un varón vendrá para continuar con el apellido de la familia o para continuar con la empresa familiar o ambas cosas a la vez.

Si es una mujer vendrá para acompañar, para dar afecto, para ser la mimada o la mimadora del padre y para continuar con la feminidad de la madre.

Pero lamentablemente muchos de los niños nacen en el medio de una total o parcial falta de sentido para su existencia, pues simplemente han aparecido donde nadie los esperaba, han llegado sin ser invitados.

Desde el punto de vista del análisis transgeneracional se considera que un niño que llega al mundo en semejantes condiciones, es un hijo no querido. Y cuando digo esto quiero que quede bien claro que nada tienen que ver los sentimientos que luego despierta con su crianza, pues no importa cuanto llegue a amar una madre a su niño mientras lo cría, por como es, por lo que significa  o por lo que pueda llegar a ser.

El HIJO NO QUERIDO

La Magia del Estudio y Análisis Transgenracional

Gracias a Dios la mayoría de las madres tienen un instinto materno que las hace amar a sus crías, así como los padres tienen un instinto paterno de amor y protección, pero eso no alcanza para borrar el hecho de que el niño ha llegado “por casualidad” o “sin querer”. No han tenido relaciones sexuales para engendrar un hijo, sino que simplemente han tenido relaciones sexuales porque tenían ganas de satisfacer sus impulsos sexuales, pero no esperaban tener, ni pensaban en tener, o rezaban para no tener un hijo como consecuencia de ellas.

Y esto convierte trangeneracionalmente a ese niño en un niño No Querido, con todas las consecuencias que ello implica

¿Qué pasa cuando llega un hijo no querido?

En realidad todas las opciones que existen son traumáticas

  1. Puede ser que los padres decidan abortarlo si su educación les permite elegir semejante opción
  2. Tal vez la madre decida tener su bebe y luego abandonarlo o darlo en adopción (y si es demasiado insensible y primitiva, hasta puede optar por tenerlo y luego asesinarlo)
  3. También pueden tener el hijo e intentar reprimir los sentimientos de rechazo al nuevo ser, lo cual suele resultar un emprendimiento fallido, pues el niño siempre se dará cuenta y sentirá el rechazo de sus padres
  4. Y por último los padres pueden decidir aceptar esa llegada forzosa, aprender a replantearse sus expectativas, y encariñarse y proteger al pequeño, que al final de cuentas no tiene ninguna responsabilidad por haber llegado a esa familia

Estimo que la opción cuatro es la más frecuente, y aunque resulta una decisión culturalmente aceptable, lamentablemente el pequeño no sale indemne de semejante situación, pues en el fondo de su alma siempre sentirá en mayor o menor medida que es un intruso. No importa cuánto se esfuercen los padres por ocultar sus sentimientos iniciales, pues basta con que  un feto haya llegado a la vida de una pareja que no le esperaba, para que lo sienta y se entere.

En realidad el feto se entera de cosas que han sucedido muchos meses antes de que su madre haya quedado encinta, pues resulta que a medida que la relación de pareja va prosperando, tarde o temprano se comienza a pensar en la posibilidad de que vengan los niños, y los padres naturalmente comenzaran a pensar y sentir lo que sienten al respecto como por ejemplo

  • “Qué bueno sería que tengamos un niño”
  • “Quisiera quedarme embarazada”
  • “Ojalá que de esta relación no surja un niño pues no estoy preparada o preparado para ser padre”
  • “Ojala que todavía no tengamos ningún hijo pues nuestra economía no es la adecuada para más de dos personas”
  • “Lo que más me gustaría es que cuando nazca nuestro primer hijo sea un varón”
  • Etc. Etc.

Todos esos pensamientos y sentimientos que surgirán en los padres en algún momento, se descargarán sobre el feto en el preciso instante de su concepción, avisándole claramente qué es lo que sus padres piensan de su llegada a este mundo.

Si los padres sienten la llegada del niño como si se tratara de un intruso, el niño crecerá en medio de privaciones afectivas. Le darán comida pues es necesario alimentarlo, pero el niño sentirá que esa comida no viene acompañada de amor, le darán un hogar donde vivir, pero el niño se sentirá un extraño dentro de su propio hogar, le darán afecto y caricias, pero nunca serán suficientes, le dedicaran tiempo pero solo el imprescindible y seguramente no existirá demasiado tiempo disponible para jugar con él y simplemente estar a su lado para expresarle amor, protección e interés.

Algunas veces se produce un mecanismo de compensación que es hijo de la culpa, y los padres se sienten sumamente responsables por cuidar su hijo, cuidándolo hasta del aire que respira por miedo a que se enferme y le pase algo. Esos padres culpógenos tenderán a percibir a su niño como algo extremadamente frágil y dependiente, precisamente porque sus propios sentimientos de padre son extremadamente frágiles.

Las consecuencias de no ser un hijo querido

La distancia emocional que suelen tener con sus propios hijos los padres que no les quieren, suele dejar fuertes huellas emocionales en los hijos que se crían con un inquietante sentimiento interior de que “algo falta”. No es algo claro de lo cual puedan hablar, no existen palabras adecuadas para expresarlo, pero lo que SI existe es un vacio interior que nada puede llenar.

A estos hijos no queridos les resultará luego muy difícil construir relaciones sanas de afecto en su vida adulta, pues será como embarcarse en un viaje a un país desconocido del cual no conocen el idioma. No saben que es lo qué deben decir o hacer, ni logran entender lo que se les dice o se les hace, no saben lo que significa necesitar ni ser necesitado, hasta el punto en que una pareja sumamente cariñosa, puede llegar a resultarles asfixiante.

Lógicamente la autoestima de esos niños se verá dañada y dará surgimiento a personas ególatras o con fuertes sentimientos de inferioridad. Sera algo así como pensar

“Soy diferente, soy inferior, no soy igual que los demás, pues ellos tienen un papá y una mamá que los ama y yo no los tengo”

También dará origen a personas con extrema timidez, que no se animan a hablar y acercarse a los demás, por miedo a sentir que los rechazan, tal como ya les ha sucedido con sus propios padres.

Esa relación inadecuada con los padres podrá luego dar origen a problemas con la autoridad, por lo que los hijos podrán optar por dos extremos:

  • Temer y apartarse de los pares y superiores, tal como sus padres se han apartado de ellos
  • Buscar constantemente el conflicto y la confrontación, buscando repetir el drama que significó su llegada a este mundo, para así sentirse como en casa

¿Qué pasa cuando el sexo no es el adecuado?

Todo niño en algún momento se hace la siguiente pregunta:

¿Soy del sexo adecuado? O ¿Tengo el sexo adecuado?

No importa si tú crees que nunca te ha hecho esa pregunta, te aseguro que SI lo has hecho, aún cuando no lo recuerdes o aún cuando haya sido algo inconsciente.

Y entonces cabría preguntarse

¿Cuál es el sexo adecuado para un niño?

A lo cual inevitablemente se debe responder que NO EXISTE TAL COSA COMO UN SEXO INADECUADO, da lo mismo si se trata de una niña o de un varón.

¿Pero qué pasa si los padres esperan que nazca un hijo varón y nace una niña, o esperan una niña y nace un varón?

Indudablemente los padres se sentirán frustrados, decepcionados y engañados, aun cuando luego con la crianza aprendan a amar locamente lo que Dios les ha enviado.

Pero ya les he comentado más arriba, que desde el punto de vista transgeneracional, NO IMPORTA cuanto puedan los padres enamorarse de sus hijos mientras los crían, si los hijos llegan en un momento en que no son esperados, o si llegan con un sexo diferente al que los padres esperan, transgeneracionalmente esos serán HIJOS NO QUERIDOS.

Es curioso cómo viven los padres el tema de los hijos NO queridos

En el noventa por ciento de los casos, cuando a una madre se le pregunta si se puso contenta en el momento en que se enteró que estaba embarazada, dirá que sí, que fue uno de los momentos más felices de su vida.

Y si se le pregunta si el sexo del niño resultó ser el que estaban esperando, normalmente responderán que en realidad les daba igual, que estaban tan felices de saber que venía un niño a la familia, que en realidad no les importaba si era una nena o un varón

Otras veces (las menos) se atreverán a decir que en realidad esperaban a alguien de un sexo diferente, pero que luego de conocerle se enamoraron locamente del recién llegado.

Pero la verdad es que NO IMPORTA qué contesten, pues el niño siempre sabrá en el fondo de su alma cuál es la respuesta verdadera, siempre sabrá si ha sido un hijo NO querido, pues como les he comentado antes, eso deja una profunda huella sobre su inconsciente, una inquietud, una incertidumbre, un dolor que siempre estará allí para recordarle qué fue lo que verdaderamente sintieron sus padres al enterarse de que llegaba y qué sexo tenía.

¿Cómo afecta al niño “no tener el sexo adecuado”?

Los padres podrán decir lo que quieran respecto del sexo de sus niños o inclusive podrán no decir nada, pero el niño sabe. Y si sabe que a juicio de sus padres su sexo “no es el adecuado”, entonces no se sentirá reconocido por lo que es y por lo tanto para que le quieran, para que le acepten, para que lo miren, para que lo reconozcan, tendrá que aprender a ser lo que no es.

Esto puede generar hijos homosexuales, o niños con problemas de personalidad, que vivirán intentando hacer siempre lo que los demás esperan que hagan, para así poder ser aceptados.

Cuando se relacionen con personas del sexo opuesto tenderán a pensar que la otra persona les amará más o menos según lo que hagan, y les llevará tiempo darse cuenta de que cuando alguien verdaderamente los ame, lo deberá hacer por lo que son, y NO por lo que hacen.

Estos niños que sienten que NO tienen el sexo adecuado, pueden sentir un fuerte impulso a masculinizarse o feminizarse, según lo que sus padres esperaban.

“Si mis papás querían una niña, entonces debo aprender a feminizarme para que así me quieran mas”

“Si mi papá quería una varón, debo aprender a hacer las cosas que hacen los hombres, para que mi papá me quiera más”

Si un hombre fue deseado como mujer, entonces podrá volverse homosexual, o tener una tendencia a feminizarse, volverse más sensible, le van a gustar cosas y conductas de mujeres (como encargarse de tareas domesticas mientras la mujer trabaja), tenderá a dejar que el automóvil lo conduzca ella y se llevará mejor con las mujeres que con los hombres.

NOTA: La pareja ideal que debería buscar un hombre así, es una mujer cuyos padres esperaban un varón, ya que de esa forma lograrán complementarse idealmente.

Y obviamente si una mujer era esperada como hombre, podrá volverse lesbiana, y tenderá a masculinizarse y hacer y sentir las cosas como un hombre, para así poder ser más querida.

NOTA: Todos los mencionados son simplemente ejemplos, lo cual no quiere decir que todas las mujeres cuyo padre esperaba un hombre van a tener que masculinizarse SI o SI, o que los hombres que eran esperados como mujeres tienen que volverse homosexuales Si o SI. Solo estoy diciendo que esas cosas pueden suceder, y de hecho suceden frecuentemente

Una consecuencia curiosa de este sentirse inadecuado por el sexo, es que un porcentaje muy alto de personas se vuelven zurdas, cuando sus padres les esperaban con un sexo diferente del que tienen.

¿Qué deben hacer los padres que esperaban a un niño de otro sexo?

Lo primero que deben hacer es tomar consciencia de que esperar la llegada de un niño con un sexo diferente del que finalmente trae es algo normal, y que por lo tanto no deben sentir ninguna culpa al respecto.

Es como si a una persona le gustara el helado de chocolate más que el helado de limón. ¿Acaso debe sentirse mal por ello? Por supuesto que no debe sentirse mal, pues cada cual tiene el derecho de soñar con lo que se le dé la gana

En segundo lugar no es bueno que se oculte ese deseo para así no ofender a su progenie, sino que si surge el tema deben admitirlo con la naturalidad que tiene:

“Yo esperaba que fueras un varón y me sorprendí cuando vi que eras una mujer, y la verdad es que me siento muy feliz de que lo seas, pues has aportado a mi vida cosas que un varón nunca podría aportar”

Esa odría ser una respuesta adecuada.

Lo que no sería adecuado, es decir eso si no es lo que sienten, pues recuerden que los niños se comunican con sus padres por medio del inconsciente, por lo tanto siempre saben si les están diciendo o no la verdad.

Los padres NO SON culpables de haber deseado lo que no vino, pero sí son responsables por hacer sentir a sus hijos que son adecuados, y que son amados tanto como si hubieran tenido el sexo contrario. Deben dejarles en claro que los aman como son y por lo que son, y que no necesitan que sean otra cosa para amarlos más.

¿Cómo superar el no haber sido un hijo querido?

Las personas que han nacido como hijos no queridos, porque han llegado donde no les esperaban, o porque han llegado con un sexo contrario al cual se esperaba, necesitan ayuda para cubrir los abismos de amor que llevan en sus corazones, y poder así llegar a entender que el malestar que sienten no depende de lo que ellos son o lo que ellos hacen, sino que es un producto inconsciente de la forma en que han sido recibidos al llegar a este mundo.

Por eso cuando alguien se acerca a mí para solicitarme un estudio transgeneracional, y descubro que se encuentra dentro de uno de estos ejemplos, siempre les aconsejo que volvamos a vernos periódicamente, que me den la oportunidad de ayudarles a afianzarse en una nueva realidad afectiva, a la cual difícilmente podrán acceder si lo intentan hacer solos.

Con mis mejores deseos
Dr. Roberto A. Bonomi

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